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sábado, abril 20, 2024

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Un silencio que se escucha y una Fe que ruge en cada rincón de Medina del Campo 

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Editorial 

Tan dorado son los cielos en estas fechas del año -o, al menos, así lo prevé la AEMET para estos primeros días de la Semana Santa- como tostadas las palmas que portan los pequeños de Medina del Campo cada Domingo de Ramos. No hay más que hablar. La Villa de las Ferias se ve inmersa en estos próximos días en la única fiesta declarada de Interés Turístico Internacional con la que cuenta el municipio. Una celebración que, con esfuerzo y tesón de los antepasados de esta villa, ha fraguado una fortificación irresistible como la que se presenta ante nuestros ojos hoy en día: las cofradías.

Al fin y al cabo, las tradiciones de un pueblo perviven por eso mismo: el pueblo. Más allá de instituciones y administraciones, es cada vecino, cada cofrade, el que no permite que se vulnere ni una coma de los ritos y liturgias tan prototípicos de este tiempo de recogimiento. Un margen temporal en el que, al menos en Medina del Campo, el silencio se escucha en cada procesión. Comitivas en las que el respeto impera. En las que los capirotes se entremezclan con inciensos, cornetas y tambores.

Y es que Medina del Campo es uno de los enclaves nacionales con mayor relevancia histórica si hablamos de Semana Santa. En 1411, San Vicente Ferrer constituyó en esta tierra las primeras Procesiones de Disciplina, siendo por ello la Semana Santa de Medina del Campo la más antigua de toda España. Son nueve las cofradías que en la actualidad se desprende de tal magna historia. Tres de ellas históricas, fundadas sobre el siglo XVI y XVII. Por las calles de la villa desfilan imágenes de Francisco del Rincón, Sebastián Ducete, Juan Picardo, Ricardo Flecha o el jesuita Domingo Beltrán Otazu.

Sin embargo, y por desgracia, desde que la pandemia de la COVID19 sacudió a la sociedad, hay un importante espacio que permanece cerrado y que mucho tiene que decir con esta fiesta declarada de Interés Turístico Internacional. Es momento de reflexionar sobre el Centro San Vicente Ferrer. Quizá su cierre sirva también para estudiar la posibilidad de «darle una vuelta» a lo que se venía haciendo hasta su clausura. Sin embargo, mantenerlo cerrado no es la solución, y mucho menos después de lo invertido por parte del pueblo de Medina del Campo en este inmueble.

Por esta misma razón, quizá sea el momento de que, esa fraternidad mostrada para con el Encuentro Nacional de Cofradías que se desarrollará en septiembre, también se traduzca en propuestas para darle una mayor actividad al mencionado centro, sin dejar que vuelva a caer en el olvido en la localidad y con el propósito de que se convierta, de una vez por todas, en un atractivo turístico real.

Abogando por ese recogimiento, disfrutemos ahora de las calles medinenses en plena Semana Santa. A la vuelta, seguro que hay tiempo para continuar con este arduo trabajo. Así pues, seamos testigos de silencio que se escucha y una Fe que ruge en cada rincón de Medina del Campo.

2 COMENTARIOS

  1. Para decir eso hay que ser muy cerrado y rodearse de gentes también muy cerradas y con el mismo punto de vista.

Los comentarios están cerrados.

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