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Medina del Campo
domingo, octubre 2, 2022

Los ‘Sanantolines’ de antaño

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Por Mariano García Pásaro y Paula de la Fuente

Del libro titulado “Ayer fue la cosa”, cuyo autor es el cronista medinense Mariano García Sánchez, hemos escogido cuatro breves escenas que reflejan fielmente, en un castellano del mejor género costumbrista, momentos esenciales de los festejos tradicionales y populares que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XIX.

Se trata de la más fiel imagen del festejo popular que tanta raigambre vislumbra la Villa de las Ferias. Un festejo modélico y cambiante, no en su esencia pero sí en su forma; puesto que, cualquier individuo nacido bien entrado el siglo XXI, leerá atónito lo que las voces pretéritas han hablado sobre los encierros y sus posteriores y tradicionales capeas.

Unas también llamadas ‘probadillas’ que, a día de hoy, y gracias al mimo y trabajo de la A.T.C. “Los Cortes” y el Memorial José María de la Fuente “Pinturas”, cuentan con la celebración del antiquísimo y decano Premio Nacional de Cortes de Novillos, haciendo a Medina la ‘Catedral’ del Corte durante este periplo festivo, con el desfile de innumerables toreros a cuerpo limpio en el albero medinense.

No en vano, y aunque sean varios los cambios notorios, el alma del festejo popular sigue siendo eso precisamente: el pueblo. Núcleo del que emanan las más longevas tradiciones y los quehaceres más intrínsecos de cada una de las tierras. Más concretamente, la de Medina del Campo.

“De los Sanantolines de antaño”

En mis lecturas y mis recuerdos me fundo para afirmar que los “sanantolines” de mayor pintoresquismo, de más estruendo y de popularismo más auténtico, fueron sin duda los que transcurrieron en los años 1910 a 1925.

Merced a los impulsos sociales y económicos que Medina recibió con el establecimiento de las líneas ferroviarias, la villa salió de la postración en que la habían sumido los decadentes siglos XVIII y XIX cobrando una cierta vitalidad patentizada en muchas cosas y, por supuesto, en sus ferias y fiestas. Aquella sucesión de festejos que se iniciaba el uno de septiembre y terminaba el ocho o, por mejor decir, en la madrugada del nueve, sin olvidarnos de los tres días de capeas con sus correspondientes encierros llenos de color y algarabía, ganaron renombre nacional. Principalmente las corridas y los encierros atrajeron gentes de los más apartados lugares y constituyeron hoy en el recuerdo, una epopeya grandiosa digna de genial pluma. La mía, de muy cortos alcaldes, y siempre aprendiendo, tiene que reducirse a evocar materiales y acopiarlos para que otras mentes, privilegiadas y con mejor estilo, escriban el monumento literario que las antiguas fiestas de San Antolín se merecen.

Puede leer el artículo completo en la edición impresa de La Voz de Medina y Comarca

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