Editorial

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En un segundo cambia la historia

A veces el devenir de la vida de una persona y, por qué no decirlo, de una institución se dirimen en unas horas, a diferencia de lo que acontecía en otros tiempos cuando las comunicaciones se realizaban por carta, los móviles no existían y se requería de un cierto tiempo, con el sosiego que algunas decisiones requieren, para modificar el futuro.

Tal es así que en la mañana del jueves, al menos en apariencia, el ya ex-presidente de la Diputación Provincial, Jesús Julio Carnero García, sin renunciar a su acta de diputado y contando con los apoyos de la mayoría de alcaldes y diputados del PP de la provincia para ser reelegido para un nuevo mandato, daba un paso a un lado para cumplir la orden emanada del número 13 de la madrileña calle Génova, a tenor de un acuerdo con Ciudadanos, para ser sustituido como candidato y como presidente de la institución provincial por el que hasta ayer había sido su mano derecha en la Corporación Provincial: Conrado Iscar Ordóñez.

Vayan por delante la más cordial enhorabuena al nuevo presidente de la Diputación y el más sincero reconocimiento a Carnero García por su caballerosidad mostrada a lo largo de los ocho años en los que ha sido el máximo responsable de la institución provincial y por el generoso gesto de apartarse voluntariamente y sin aspavientos de la aspiración, demandada por sus compañeros, de volver a regir los destinos de la provincia en un nuevo mandato, evitando así que el Partido Popular provincial saltase por los aires y facilitando el camino, en la compleja partida de ajedrez que se juega estos días, para que el PP vuelva, de la mano de Alfonso Fernández Mañueco, con el apoyo de Ciudadanos, a gobernar la Junta de Castilla y León durante una legislatura más.

Pero al margen de enhorabuenas, felicitaciones y reconocimientos, hay un par de preguntas disyuntivas que la ciudadanía se plantea: ¿Hasta dónde está dispuesto a colmar el PP los caprichos de Ciudadanos?, o, y ahí esta la disyuntiva, ¿Ciudadanos está siendo un mero instrumento del presidente del PP, Pablo Casado, para hacer una purga y eliminar del panorama político a todos aquellos que en su día apoyaron a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría, en sus aspiraciones a ocupar el cargo que hoy ostenta él?

La respuesta sólo la conocen Pablo Casado y Albert Rivera y quizás algunos “genoveses”, aplicando tal nombre italiano a quienes tienen despacho en el número 13 de la madrileña calle Génova, que estos días, cosa inusual, se han prodigado por los pueblos de la provincia de Valladolid para captar voluntades y exigir fidelidades.

La Voz de Medina y Comarca