Cernícalos y lechuzas, protagonistas del anillado de Oropéndola en Nava del Rey

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La Asociación Oropéndola ha iniciado la temporada de anillamiento científico con datos espectaculares: cernícalos y lechuzas llenan las cajas nido como nunca antes.

El pasado lunes 19 de mayo, los voluntarios de la agrupación realizaron la primera revisión de la temporada. Y las cifras hablan por sí solas:

  • Cernícalo vulgar: 16 de las 17 cajas revisadas están ocupadas, con 44 polluelos y 35 huevos.

  • Lechuza común: 2 de las 3 cajas están habitadas, con 3 polluelos y 5 huevos.

Las intensas lluvias de esta primavera han convertido los campos en un auténtico paraíso para la fauna. Abunda la comida: topillos, pequeños mamíferos, reptiles y grandes insectos, lo que garantiza la supervivencia de las crías. “Los cernícalos llevan dos semanas cazando sin parar, es un espectáculo digno de ver”, apuntan desde la asociación.

Además, durante una revisión en abril, los anilladores captaron una imagen sorprendente: una pareja de búho campestre cazando roedores en plena acción. Un hallazgo que confirma la importancia de estos espacios para la biodiversidad.

El anillamiento es una herramienta fundamental para los científicos, en particular para conocer la biografía, la dinámica poblacional o la migratología de las aves. Sin embargo, la mayor parte de este trabajo está desarrollado por no-profesionales muy bien preparados, cuya motivación no es de carácter económico, sino el simple privilegio de trabajar con aves teniendo como finalidad última su conservación.

Anillado de aves

El anillado de aves es una herramienta fundamental para el conocimiento y conservación de las especies silvestres. Esta técnica consiste en colocar un pequeño anillo de metal o plástico, numerado individualmente, en las patas de las aves. Además de un código alfanumérico único, el anillo incluye información sobre la organización responsable, la ciudad o el país donde se realiza el anillado.

Cada anillo funciona como una contraseña exclusiva que permite identificar a cada ave a lo largo de su vida. Los datos recabados durante el proceso —especie, edad, a veces sexo, código del anillo y fecha de anillado— se registran en una base de datos especializada.

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