La democracia que se desmorona a ritmo de ‘tuits’

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Editorial

La polis es el área donde el ser humano hace de sí su existencialismo. De esta construcción se desglosa una forma de organización social que, a pesar de no ser perfecta, se formula como aspirante a la palma de oro: la Democracia.

Es este el término que permite la participación activa de la ciudadanía, erigiéndose como ejes fundamentales -que no principales- de las sociedades comunes. Municipios, provincias, regiones, países o continentes ansiaron en su día mecanismos plebiscitarios consultivos y festejaron la llegada de los mismos.

Claro que… De aquellas togas han pasado muchos siglos, repletos de guerras civiles y mundiales, levantamientos de todo tipo, e incluso revoluciones ciudadanas… Si creíamos, a finales del siglo XX, que el ambiente bélico nos había convertido en mejores personas, lo teníamos ‘clarinete’.

Hace escasos días varios radicales asaltaron El Capitolio poniendo en jaque a los Estados Unidos. Sí, lo son. Y aquí no nos importa decirlo, aunque dentro de nuestras fronteras tengamos cierto pudor para así calificar a quien apoya rodear el Congreso de los Diputados.

Trump se sumergía en su propia realidad y, desde primera hora de esa misma mañana, hostigaba mensajes dañinos a sus fieles seguidores a través de Twitter que, con un eco rezumante de “Oh, Líder”, respondían a la llamada y acudían a hacer lo que más les gusta: destruir la Democracia.

Y es que hechos como el ocurrido el seis de enero de 2021 ponen de manifiesto que ningún sistema de organización de la polis es perfecto pero, ante esta disyuntiva, y tratándose del tema del que se trata, merece la pena recordar a Karl Popper. El austríaco venía a explicar, con su paradoja de la tolerancia, que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante será, finalmente, reducida o destruida por los intolerantes. El hecho de ser una teoría del mismo año en que finalizó la Segunda Guerra Mundial da que pensar. Y da, sin ir más lejos, por la incapacidad del hombre para darse cuenta de que está completamente alienado a los dominadores de turno. A los aduladores. A los que abogan por privarte de pensamiento crítico para conseguir todo lo que se proponen.

Quién diría a aquellos atenienses que su imperfecta, pero progresivamente perfeccionada Democracia, iba a ser desmoronada a golpe de ‘tuits’.

La Voz de Medina y Comarca