Especial Construcción: La construcción se ha convertido en uno de los sectores con mayor tensión laboral en Medina del Campo y su comarca, donde la falta de mano de obra comienza a impactar de forma directa en el ritmo de las obras, los costes y la capacidad de atraer nuevas inversiones. Los datos de los últimos cinco años reflejan con claridad este desequilibrio entre oferta y demanda. El paro total en Medina del Campo ha descendido de 1.443 personas en diciembre de 2021 a 986 en diciembre de 2025, lo que supone una caída del 31,7%. En el caso concreto de la construcción, el descenso es similar, pasando de 60 a 42 desempleados en ese mismo periodo. Esta reducción deja al sector con una bolsa de paro muy limitada para cubrir nuevas necesidades de contratación. En paralelo, la actividad no ha dejado de crecer. Los contratos en construcción han pasado de 182 en 2021 a 322 en 2025, un incremento cercano al 77% que contrasta con la caída general de la contratación en el municipio. Este comportamiento apunta a una mayor demanda de trabajadores en el sector, pero también a una posible rotación más elevada o a contratos de menor duración vinculados a obras concretas. El mercado laboral local muestra así signos de saturación. Mientras la afiliación a la Seguridad Social en actividades de construcción se mantiene estable en torno a las 400 personas, el número de contratos por trabajador prácticamente se ha duplicado en cinco años. Este indicador revela un aumento de la presión sobre las plantillas existentes y dificultades crecientes para cubrir puestos de trabajo.
Este escenario no es exclusivo de Medina del Campo, pero tiene consecuencias directas en el ámbito local. La falta de profesionales cualificados, unida al incremento de costes, ya se está traduciendo en retrasos en proyectos, encarecimiento de obras e incluso licitaciones que quedan desiertas en la provincia de Valladolid. En ese contexto, actuaciones relevantes en la Villa de las Ferias se ven afectadas por un problema que trasciende lo estrictamente laboral y se convierte en un freno para el desarrollo económico. Las causas de esta situación son múltiples. Por un lado, el envejecimiento de la población activa y la falta de relevo generacional reducen la disponibilidad de trabajadores. Por otro, el sector sigue arrastrando problemas de atractivo entre los jóvenes, debido a la dureza de las condiciones laborales y a una percepción social poco favorable. A esto se suma un tejido empresarial dominado por microempresas, con escasa capacidad para formar y retener talento. El desajuste también tiene un componente formativo. Buena parte del paro se concentra en mayores de 45 años, mientras que los perfiles más demandados —albañiles, peones, fontaneros o especialistas en instalaciones— requieren habilidades específicas que no siempre están disponibles. La falta de itinerarios eficaces de formación y recualificación agrava esta brecha.
Pese a este contexto, el sector ofrece oportunidades claras de empleo, especialmente para jóvenes. Las referencias salariales del convenio provincial sitúan el salario anual de entrada en torno a los 15.876 euros para ayudantes y más de 18.000 euros para perfiles técnicos junior, con posibilidades de progresión profesional en un mercado con demanda sostenida. Ante este panorama, las soluciones pasan por una combinación de medidas a nivel local y comarcal. La conexión entre empresas y centros de formación profesional, especialmente a través de la FP dual, aparece como una de las vías más eficaces para generar relevo. También se plantean iniciativas como bolsas de empleo específicas por oficios, programas de recapacitación para desempleados de mayor edad o incentivos para atraer trabajadores de fuera, incluyendo ayudas a la vivienda o al transporte. Asimismo, la adaptación de la contratación pública se perfila como un elemento clave para evitar bloqueos en proyectos, mediante plazos más realistas, revisión de precios y fórmulas que faciliten la participación de pequeñas empresas. La construcción, que representa cerca del 12% del tejido empresarial local, se encuentra así en un momento decisivo. Su capacidad para atraer y retener mano de obra determinará no solo su propio futuro, sino también el ritmo de crecimiento económico de Medina del Campo y su entorno en los próximos años.



