Europa abre por fin la puerta a la revolución genética para salvar la competitividad del sector agrícola

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El largo camino legislativo para la modernización del campo europeo ha superado su penúltimo obstáculo. El Consejo de Ministros, en su reunión celebrada el martes 21 de abril de 2026, ha adoptado formalmente el acuerdo para el nuevo Reglamento de Nuevas Técnicas Genómicas (NGT). Esta decisión ratifica el compromiso alcanzado en los trílogos el pasado mes de diciembre y supone un espaldarazo definitivo a una tecnología que el sector de la mejora vegetal considera vital para la supervivencia y productividad de la agricultura en el continente.

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove) y su homóloga europea Euroseeds han recibido con optimismo este hito, que acerca a los agricultores a una nueva «revolución verde». El Director General de Anove, Antonio Villarroel, ha calificado el avance como un paso crucial hacia la apertura tecnológica, señalando que la meta de esta carrera por la competitividad está ya muy cerca. No obstante, el sector mantiene la cautela a la espera de las votaciones finales en el Parlamento Europeo, previstas para la Comisión de Medio Ambiente y el posterior pleno, lo que podría cerrar definitivamente el proceso legislativo en junio de 2026.

Un cambio de paradigma para 2028

Aunque el respaldo político es ya una realidad, la implementación técnica de estas herramientas de edición genética no será inmediata. Según el calendario previsto, tras la aprobación del Parlamento quedarán pendientes diversos actos de ejecución que se prolongarán hasta el año 2028. El objetivo final es permitir que los obtentores europeos utilicen estas técnicas para crear cultivos más resistentes al cambio climático, a las plagas y con menores necesidades de recursos, garantizando siempre una protección adecuada de la propiedad intelectual y un acceso justo a la innovación.

La Comisión Europea ha acompañado esta decisión con una declaración formal para asegurar que el despliegue de las NGT se realice bajo un marco de seguridad alimentaria y competitividad. Con este movimiento, la Unión Europea busca reducir la brecha tecnológica con otras potencias agrícolas mundiales, permitiendo que la ciencia aplicada a las semillas se convierta en el motor de una agricultura más sostenible y eficiente a finales de esta década.

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