Cuenta atrás para el cambio de hora: el horario de verano ya asoma

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España volverá a ajustar sus relojes en la madrugada del domingo 29 de marzo de 2026 con la entrada en vigor del horario de verano. A las 02:00 horas en la península (01:00 en Canarias), el tiempo saltará directamente a las 03:00, recortando la jornada a 23 horas.

La medida, regulada por el Real Decreto 236/2002 en aplicación de la normativa europea, responde a una estrategia histórica orientada a aprovechar mejor la luz solar y reducir el consumo energético. Sin embargo, su continuidad está cada vez más en entredicho.

En octubre de 2025, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que España plantearía a la Unión Europea la eliminación del cambio horario estacional a partir de 2026. El Ejecutivo sostiene que esta práctica ha perdido eficacia y podría tener consecuencias negativas en la salud, especialmente en lo relativo a los ritmos biológicos.

Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el cambio horario podría suponer un ahorro de hasta el 5% en el consumo eléctrico destinado a iluminación, lo que se traduce en unos 300 millones de euros anuales. De esta cantidad, aproximadamente 90 millones corresponderían a los hogares —unos 6 euros por vivienda—, mientras que los 210 millones restantes se ahorrarían en edificios del sector terciario e instalaciones industriales.

No obstante, especialistas y organismos públicos coinciden en que este margen de ahorro depende en gran medida del comportamiento ciudadano. Reducir el uso innecesario de luz artificial, apostar por tecnología LED o incorporar sistemas inteligentes —como sensores que regulan la iluminación según la luz natural— son algunas de las claves. Estas soluciones, de hecho, ya son obligatorias en edificios de nueva construcción según el Código Técnico de la Edificación.

Un invento con más de dos siglos de historia

Aunque pueda parecer una medida moderna, el cambio de hora tiene raíces que se remontan al siglo XVIII. Fue Benjamin Franklin quien, en 1784, planteó por primera vez la idea mientras ejercía como embajador estadounidense en Francia. Su propuesta partía de una observación simple: el sol salía mucho antes de que comenzara la actividad diaria, lo que obligaba a consumir velas al anochecer. Sin embargo, su iniciativa nunca se aplicó.

A finales del siglo XIX, el británico William Willet recuperó el planteamiento con el objetivo de alargar las horas de luz por la tarde, pero tampoco logró respaldo político.

La implantación real no llegaría hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania introdujo este sistema para reducir el consumo energético en un contexto de escasez. La medida se extendió rápidamente a más de 50 países, aunque fue abandonada tras el conflicto.

Décadas después, la crisis del petróleo de los años 70 devolvió el cambio horario al primer plano. El encarecimiento de la energía impulsó su adopción definitiva como herramienta de ahorro, consolidando una práctica que hoy sigue vigente, aunque cada vez más cuestionada.

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