El próximo sábado 26 de abril, a las 10:00 de la mañana, el mundo será testigo del último adiós al Papa Francisco, en una ceremonia solemne que se celebrará en el atrio de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Según ha informado el Vatican News, la misa exequial, que marca el inicio de los Novendiales —los nueve días de luto oficial tras el fallecimiento de un pontífice— será presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, actual decano del Colegio Cardenalicio.
La liturgia seguirá el protocolo oficial del Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, reservado exclusivamente para los funerales de los papas. Tras la celebración eucarística, se llevará a cabo la Ultima commendatio y la Valedictio, ritos finales de despedida.
Luego, el féretro del Santo Padre será trasladado al interior de la Basílica de San Pedro, y de allí a la Basílica de Santa María la Mayor, donde tendrá lugar su inhumación.
La ceremonia se anticipa como un acontecimiento de dimensión global. Varios jefes de Estado y de Gobierno ya han confirmado su participación, lo que anticipa un evento de enorme relevancia tanto espiritual como política.




Tras el aperturismo de Pablo VI y figuras en España como Vicente y Enrique Tarancón (presidente de la CEE), y obiposo como Díaz Merchán, Añoveros, Setién, Yanes, Juan Pablo II dio un giro claro hacia el conservadurismo eclesial. Lo hizo por dos vías principales:
1. Control férreo de los nombramientos episcopales:
A través de la Congregación para los Obispos y su estrecho colaborador Sebastiano Baggio, Wojtyla colocó sistemáticamente a obispos alineados con la ortodoxia moral y doctrinal más rígida.
Esto supuso que muchos obispos con talante social, críticos con el franquismo o comprometidos con la justicia social, fueron sustituidos o marginados. A cambio, fueron nombrados obispos integristas o muy militantes en causas antiabortistas y anti-LGTBI, muchos provenientes de movimientos neoconservadores o del Opus Dei.
2. Papel de la Conferencia Episcopal Española
Durante los años 89, 90 y 2000, la CEE se convirtió en un bastión conservador, que utilizaba su poder mediático (especialmente a través de COPE y 13TV) para intervenir en debates políticos y sociales. Todo con el respaldo de Roma.
Ejemplos de obispos nombrados o promovidos en esta línea:
+ Antonio Cañizares (arzobispo de Toledo, y de Valencia): llamado «el pequeño Ratzinger» por su afinidad teológica con el papa alemán; férreo opositor al matrimonio igualitario y al aborto; fue nombrado cardenal por Juan Pablo II y luego prefecto para el Culto Divino por Benedicto XVI.
+ Francisco Gil Hellín (Burgos); defensor del nacionalcatolicismo; opuesto radicalmente al cual muestra de laicismo.
+ José Ignacio Munilla (San Sebastián, y de Orihuela-Alicante): promovido por Benedicto XVI; famoso por su “guía” sobre cómo “curar” la homosexualidad (se apoyaba en literatura pseudo-terapéutica como ‘Courage o esposas que oran por sus maridos gays’); muy activo en redes y en campañas públicas contra la ley del aborto.
+ Juan Antonio Reig Pla (Alcalá de Henares): conocido por sus homilías en Semana Santa retransmitidas por TVE atacando frontalmente a los homosexuales; defensor de las “terapias de conversión”; amigo de grupos como Hazte Oír y otros sectores ultracatólicos.
+Javier Martínez (Granada): en sus homilías hablaba del aborto como “peor que un genocidio”; muy próximo a círculos integristas como el Instituto del Verbo Encarnado.
+Fernando Sebastián (Pamplona, luego nombrado cardenal): promovido por Juan Pablo II y premiado por Benedicto XVI; se le recuerda por el Sermón de las Siete Palabras de 2008 en Valladolid donde pronunció que «la muerte de Jesucristo en la cruz fue absolutamente digna a pesar de no tener cuidados paliativos». una declaración frontal en contra de los cuidados paliativos, afirmando que eran una forma encubierta de eutanasia.