Editorial-. El reciente Pleno a la Infancia en Medina del Campo dejó una lección clara y preocupante. Los niños de los colegios del municipio tuvieron la oportunidad de presentar sus inquietudes y propuestas al alcalde, señalando con precisión los problemas que afectan a la ciudad: el deterioro de las instalaciones deportivas, la falta de parques adecuados, la inseguridad en ciertos barrios, la lentitud en la ejecución de proyectos y la escasa oferta de viviendas para jóvenes. Lo más revelador no fue solo el contenido de sus preguntas, sino la capacidad de estos jóvenes para identificar con claridad los temas que realmente importan.
Lo desconcertante es la aparente torpeza de los responsables políticos para reconocer y actuar con la misma urgencia. Si los niños ya perciben los problemas, ¿por qué los adultos encargados de gestionarlos no actúan con la misma celeridad? Las respuestas de los políticos, aunque bien intencionadas, continúan estando marcadas por promesas vagas y excusas. A pesar de que las necesidades son claras, las soluciones siguen retrasándose, atrapadas en la burocracia y en plazos interminables.
La desconexión entre los políticos y los ciudadanos, especialmente los jóvenes, es cada vez más evidente. Mientras los niños abordan los problemas con frescura y sin intereses partidistas, los responsables públicos siguen sin actuar con la rapidez que la ciudad necesita. Si realmente los jóvenes son el futuro del pueblo, como comentó el alcalde al inicio del pleno, ¿por qué no demostrarlo tomando en serio sus inquietudes y actuando de inmediato?
En un momento en que parece que la ciudadanía ha perdido confianza en sus políticos y en la propia política, los responsables municipales deberían dar un paso adelante. Es fundamental que demuestren que están ahí para servir a la comunidad, para escuchar a los ciudadanos y actuar en consecuencia. La política no debe ser una herramienta de poder ajena a las necesidades del pueblo, sino un canal para mejorar la vida de todos. Si los políticos realmente quieren recuperar la confianza perdida, deben empezar a dar respuestas rápidas y efectivas a los problemas que afectan a la ciudad.
Medina del Campo necesita soluciones urgentes. Las propuestas de los niños sobre instalaciones deportivas, seguridad, espacios públicos y vivienda deben ser prioritarias. Los problemas de la ciudad son conocidos por todos, y la necesidad de un cambio es urgente. Si los niños pueden ver lo que se necesita, los adultos también deben ser capaces de verlo y actuar en consecuencia.
Es hora de escuchar al pueblo y actuar con eficacia. El cambio debe empezar ya.



