Dice el dicho que «a buen entendedor, pocas palabras bastan». Pero parece que en las últimas semanas, el Congreso de los Diputados hace por no entenderse; y eso que hasta entonces parecía que se intentaba practicar el diálogo, aunque sin buenos frutos. Sin embargo, a partir de ahora serán necesarios 450 pinganillos para hablar entre ellos, no les vale con los centenares de micrófonos instalados en las bancadas.
La cámara legislativa ha gastado más de 53.000 euros sólo en los medios técnicos que necesita para garantizar el arranque de la traducción de las lenguas cooficiales. Unos pinganillos que harán que los diputados entiendan las intervenciones en euskera, catalán y gallego de otros compañeros durante las sesiones de Gobierno. Por si no fuera conocedor de esta nueva medida, desde el pasado 19 de septiembre, en Congreso de los Diputados permite el uso de las mencionadas lenguas con el fin de que nadie se sienta discriminado.
Aprobada por la Mesa de la Cámara Baja, gracias a la mayoría de PSOE y Sumar, ha marcado un antes y un después en aquellos diputados de las provincias en las que se hablan otros dialectos junto con el castellano. Y aunque el Congreso ya contaba con 200 pinganillos, ha tenido que comprar unos cuantos más para que todos nuestros políticos se entiendan durante las sesiones. A esta adquisición, se le suma también, y hasta final de año, el alquiler y mantenimiento de petacas y antenas de radiofrecuencia, lo que supone un coste de unos 45.900 euros; casi nada para la economía española. Sin olvidarse tampoco de los traductores encargados de transcribir simultáneamente las intervenciones del diputado que se encuentra hablando.
Una decisión que hace referencia un poco a ese otro dicho de «es la pescadilla que se muerde la cola», pues un vasco no va a recibir la traducción de un gallego en euskera, sino es castellano. Entonces, ¿cuál es la finalidad de todo este desligue? ¿Que Pedro Sánchez compre el apoyo de los partidos independentistas de cara a sentarse en el sillón Congreso de los Diputados y renovar su título de Presidente del Gobierno? Sin duda, una medida vergonzosa, que incluso podría calificarse como chantaje. «Yo te dejo hablar catalán, y tu me apoyas en las votaciones», les habrá propuesto. Bien es cierto que, a diario, se lucha por no perder ese legado que nos dejaron nuestros antepasados, como son las lenguas cooficiales. Pero incorporar esa novedad en el hemiciclo con el objetivo de sumar votos, resta aún más los propósitos de la misma, pues solo muestran un interés político y no social.



