Editorial

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Gobierno ¡ya!

Los vetos de los partidos autodenominados “Constitucionalistas” y las aspiraciones de otros que no disfrutan de tal calificativo autoproclamado, podrían llevar a España a un nuevo proceso de Elecciones Generales. Una vicisitud ya cansina y de la que los ciudadanos comienzan a hartarse. Por un lado, el PP en una clara política de obstrucción, de cuño tan viejo como el que llevó al desastre a la anterior democracia de la República; a la que se suma Ciudadanos, con idéntica actitud obstruccionista, parece que llevan a un “impase” a la formación de un nuevo Gobierno del PSOE, ganador de las pasadas Elecciones Generales, encabezado por el presidente en funciones Pedro Sánchez.

Por otro, el empecinamiento de los restos de Podemos y muy especialmente de su cabeza visible, Pablo Iglesias, de convertirse en ministro de un Gobierno de coalición, hacen temer lo peor, ya que su presencia o la de miembros destacados de tal partido alejarían a otras formaciones políticas moderadas del voto afirmativo que Sánchez necesita para ser nombrado presidente.

Ni unos ni otros, unos por cordones sanitarios injustificados contra el PSOE y otros por ser ésta su última ocasión de permanecer en el palmarés de la política española, con la titularidad de un ministerio, parecen no darse cuenta, por razones partidistas, de la absoluta necesidad que tiene España de contar con un Gobierno en plenitud de funciones que pueda presentar unos Presupuestos que auspicien el crecimiento de la economía y que contengan las medidas sociales que todos preconizan y que se van postergando en función de sus intereses.

La llamada de atención en disyuntiva por parte del PSOE de que “o ahora o nuevas elecciones” está más que justificada, ya que hay asuntos, además de los dichos, que tienen especial relación con la política de Europa, no pueden esperar como tampoco pueden dilatarse la reunión del Pacto de Toledo par garantizar la sostenibilidad de las pensiones, ni retoques constitucionales que impidan en el futuro situaciones de bloqueo como la actual.

Si a todo ello se añade el tema de vertebración territorial por los problemas planteados por los nacionalistas, la necesidad de contar con un Gobierno es imperiosa e ineludible ya que los problemas hay que atajarlos a tiempo. Y es que un país solvente, como es España, no puede permanecer al albur de personas que aspiran bien a ocupar con calzador cargos ministeriales ni al de otras que pretenden en el futuro, que ahora no toca, a presidir un Gobierno de un país serio.

La Voz de Medina y Comarca

2 COMENTARIOS

  1. NO es NO.
    Presidente cum fraudem pacta con golpistas catalanes , terroristas vascos y comunistas coletudos.
    NO es NO.
    Viva España.

  2. Todo el debate político en España viene contaminado por la disociación entre mayoría de investidura y mayoría de gobierno. Contribuir a la investidura de un presidente significa aprobar su programa político y otorgarle confianza. En buena lógica, ello debería conllevar un compromiso de respaldarlo mientras no cambien drásticamente las circunstancias.

    Sin embargo, algunos partidos negocian sus votos o abstenciones en la investidura y se desentienden al minuto siguiente del gobierno resultante. El candidato reclama que se le franquee la puerta de la Moncloa sin ocuparse de cómo y con quién gobernará después. Esta perniciosa práctica está en el origen de la crisis de gobernanza que padecemos desde hace años: investiduras y censuras hilvanadas de cualquier manera, gobiernos minoritarios e inoperantes y parlamentos fracasados.

    El jefe del PSOE ha desplegado desde el 28 de abril una colosal operación de intoxicación política destinada a establecer cinco mentiras: A) Que al encabezar la primera minoría parlamentaria adquirió derecho absoluto e irrestricto a presidir el Gobierno -lo que él furiosamente negó a su antecesor-. B) Que ese derecho lleva adjunto el de formar el gobierno que se le antoje, sin atender a la drástica limitación de sus 123 escaños. C) Que quien dificulte o condicione su designio traiciona un imaginario mandato popular y bloquea arteramente la gobernación de España. D) que es obligación de los demás partidos –de todos ellos- entregarle la presidencia gratis et amore. E) Que la eventual repetición de las elecciones no sería la expresión de su fracaso, sino de la irresponsabilidad ajena. Me temo que demasiados panegiristas han comprado la mercancía entera.

    Con esas cinco falsedades por bandera pretende presentarse ante el Congreso reclamando que lo voten por la cara. No busca la confianza de la Cámara, busca un salvoconducto para ejercer el poder en exclusiva. Para ello reclama y acepta cualquier voto, desde el PP a Bildu. Lo que suceda el 26 de julio le trae mayormente sin cuidado, siempre que suceda con su augusto cuerpo sobre el colchón de la Moncloa.

    Lo cierto es que, teóricamente, Pedro Sánchez tiene a su disposición el raro privilegio de construir al menos tres mayorías de gobierno:

    Podría plantear una mayoría a la alemana, invirtiendo los papeles: los socialistas al mando y los conservadores colaborando. Sumarían 189 diputados. Merkel lleva así dos legislaturas. Mariano Rajoy, con 123 escaños, lo propuso (de hecho, fue su primera opción). Si aquí y ahora el mero hecho de mencionarlo parece disparatado, es porque alguien se ha ocupado previamente de hacerlo inimaginable.

    Podría ensayar una mayoría formada por socialistas y liberales. La misma que intentó hace tres años, pero con 180 escaños. Sánchez y Rivera, Rivera y Sánchez, se han volcado durante un año, con empeño digno de mejor causa, en empantanar cualquier ruta hacia esa solución.

    Podría reproducir la fórmula de gobierno más coherente con la estrategia que ha practicado desde que recuperó el poder en su partido: una alianza de izquierda pura y dura con Podemos y con ERC. De nuevo, una cómoda mayoría de 180 diputados para la conjunción del socialismo con el radical-populismo y el secesionismo de izquierdas. Eso es lo que realmente intenta, pero sin pagar ninguna clase de peaje: ni el de compartir el Gobierno con Podemos ni el de reconocer (públicamente) a ERC como interlocutor.

    Izquierda-derecha, centro-izquierda y suma de las izquierdas. Cuando la primera minoría dispone de tres posibles mayorías de gobierno y sabotea las tres por la obsesión de monopolizar el poder o por negar a otros la posibilidad de participar de él, es insultante que, además, se permita acusar a nadie de bloquear la investidura o de provocar la repetición de las elecciones.

    Tendría sentido que el PSOE ofreciera al PP y/o a Ciudadanos explorar posibles “gobiernos de colaboración”, basados en la reconstrucción del frente constitucional que hizo frente a la insurrección en Cataluña y en un catálogo –corto pero sustancial- de acuerdos de Estado para las grandes reformas pendientes. Probablemente le dirían que no, y no les faltarían motivos: la política de Sánchez desde que conquistó el poder no invita precisamente a la confianza desde ese lado del espectro político. Pero es a él a quien corresponde la iniciativa. Solo cuando Casado y Rivera le respondieran con un portazo empezaría a justificarse el reproche a ambos, no antes.

    Sánchez no ha movido un dedo en esa dirección. Se limita a inculpar a la derecha porque no le regala la abstención para que él gobierne con la izquierda radical. Hay quienes piden a PP y Cs que se abstengan para que el PSOE no dependa de Podemos y de los nacionalistas. ¿Acaso se lograría tal cosa? Puesto que la abstención de la derecha no estaría vinculada a compromiso político alguno, seguirían siendo precisos los votos de Podemos para pasar la investidura y el apoyo adicional del independentismo para sostener al gobierno.

    También tendría sentido –aunque a algunos nos parezca desastroso para España- que Sánchez formalice la coalición de hecho que le llevó al poder y le permitió aguantar en él durante diez meses. Pero a la hora de la verdad, el casquivano cortejante se niega a la boda. ¿Cómo se puede proclamar a un partido como socio preferente a todos los efectos y a continuación interponer un humillante veto personal a su líder y a sus principales dirigentes?

    Es tan intensa la pulsión sanchista por el usufructo del poder en régimen de monopolio (dentro y fuera de su partido) que, en el límite, no le importaría ganar la investidura con 123 votos a favor (los del PSOE), 24 en contra (los de Vox)…y 203 abstenciones. Lo de gobernar después, ¿a quién le importa?

    Pedro Sánchez está incumpliendo flagrantemente el encargo que recibió del Rey: formar una mayoría estable de gobierno merecedora de la confianza del Parlamento. A cambio, no deja de inventar excusas y regates: hoy mismo, y durante toda la semana, veremos algunos más. Probablemente piense que, si hay que meter este gol con la mano sería, como Maradona, ‘La mano de Dios’.

    No quiere elecciones, pero, por si acaso, ya especula con el sexto pasajero: lo que Iglesias no le concede hoy, quizá Errejón se lo suministre mañana. A este no lo vetaría como ministro, aunque sea tan populista y tan partidario de la autodeterminación como su excompadre.

    Sánchez es responsable ante el Rey de sacar adelante su investidura. Es responsable ante el Parlamento de construir una mayoría de gobierno que merezca tal nombre. Es responsable ante el país de evitar que se repitan las elecciones. Si todo eso no sucede, habrá un único culpable. Todo lo demás son cuentos y trapacerías.

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