Editorial

1
832

Nos matan

Laura, Diana, Yolanda, Fátima, Ana, María, Yésica, Eva, Estela, Lola… y un largo etcétera de mujeres que han sido asesinadas por el simple hecho de ser mujer, por elegir a la pareja incorrecta, por salir el fin de semana, por practicar deporte en medio de la naturaleza… cualquier excusa es válida para convertir un cuerpo lleno de vida, de sueños, de futuro… en una cifra que cada día demuestra la desigualdad que se vive en la sociedad.
No, no queremos ser valientes, queremos ser libres, queremos salir sin miedo, poder vestirnos sin preocuparnos de quién nos mirará, poder maquillarnos sin que nos tachen de provocadoras, poder pasear a cualquier hora del día sin que nadie se pregunte «¿Qué hacía a esas horas sola por la calle?». Y no es que las mujeres simplemente nos sintamos abandonada por la sociedad, sino que también nos sentimos, en muchas ocasiones, abandonadas por la justicia. Podemos nombrar el caso de La Manada, en el que se condenó a cinco hombres por abuso sexual, y no por violación. La lista de casos aumenta cada vez que cogemos un periódico, vemos la televisión o escuchamos la radio, y la lista seguirá aumentando sino logramos concienciar a las personas de que todos tenemos los mismos derechos, de que todos merecemos elegir nuestro camino sin pensar en que, por ello, nos pueden hacer daño.
Ves las noticias y te planteas quedarte en casa, en comprar un spray antiviolación, en obtener un localizador que le muestre a alguien de tu familia dónde estás si un día no regresas a casa… Sales a cenar con tus amigas y te organizas para llegar a tu hogar acompañada, ninguna se va a dormir si no se ha recibido un mensaje de todas las que componen el grupo diciendo que están bien. No, no es normal, son actos que se han ido llevando a cabo por los peligros que existen ahí fuera, en un portal, en un parque, en una calle solitaria… Si nos pasa, informan de qué llevábamos puesto, la hora que era, nuestra compañía, si éramos guapas, si llamábamos la atención… porque parece ser que, muchas veces, la culpa es nuestra por no tener cuidado, no de la falta de educación, de empatía, de respeto, de igualdad…
Poco a poco, mujeres y hombres se van agotando de términos como “feminazi”, de las actitudes a la defensiva que se utilizan para pedir que no se culpe a la mayoría de los hombres, cuando lo único que se pide es que queremos vivir, queremos disfrutar de nuestros derechos, dejar de sentir rabia, angustia, incertidumbre… con cada paso que damos. Solo queremos gritar “¡Basta ya!” para que la lista de nombres no siga aumentando. Ni una menos. Nos queremos vivas. Hoy, todos somos Laura.

1 COMENTARIO

  1. María Pombo, brutalmente atacada por defender a los hombres tras el asesinato de Laura Luelmo

    «Gracias, uno por uno, a los hombres que te protegen, te ayudan, te respetan, te cuidan. Los que no te dañan. El asesino no es un hombre, es un asesino. El violador no es un hombre, es un violador»

Comments are closed.