La Justicia
Parece llegado el momento de que los partidos políticos del arco parlamentario inicien, desde el poder legislativo que representa a la Soberanía Nacional, que eso son las Cortes Generales, la reforma en lo que se refiere a la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo con el fin de despolitizar dichas instituciones y así auspiciar que las mismas sean realmente independientes y sus miembros carguen con sus responsabilidades, hoy más que nunca en entredicho.
Basten tres ejemplos para apoyar tal propuesta: la situación de inseguridad jurídica en la que se ha visto sumida España con motivo de la disquisición sobre el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, conocido como el “Impuesto de las hipotecas”; el varapalo que ha dado a la Justicia Española el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo al poner en tela de juicio la imparcialidad del Tribunal que juzgó a Otegi; y las idas y venidas, órdenes de detención y captura y contraórdenes que dictó el juez Llarena para intentar, sin éxito, la petición de extradición de Puigdemont, presumiblemente por ir más allá de donde debía.
Ya está bien de solventar todos los males con una simple petición de perdón del presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, por el desaguisado que la Sala de los Contencioso Administrativo del órgano que preside ha organizado con el caso de las “hipotecas”, suspendiendo la Sentencia dictada para tal caso por la Sala de lo Contencioso Administrativo y llevando a un Plenario la idoneidad de la aplicación de la misma con la argumentación del impacto económico que ésta podría tener, entrando así de lleno en el terreno de la política y alejándose del ámbito estrictamente judicial.
Y en cuanto a corrupción, un tema que preocupa realmente a la ciudadanía, tampoco el Tribunal Supremo se escapa, ya que no están lejanos los días en los que el ya fallecido presidente del mismo, Carlos Divar, se vio obligado a dimitir por un escándalo similar a los de las tarjetas black, protagonizando la única dimisión que se ha producido en el Tribunal Supremo en los doscientos años de su existencia.
No hay que olvidar que los jueces son hombres o mujeres como los demás y están sujetos a pasiones y tentaciones como todo el mundo, por lo que cuando son elevados a la cúpula del Poder Judicial han de ser mirados con lupa, sin mediar la política en tal proceso, y vigilar de forma estricta su actuación por parte de sus propios órganos de gobierno, sin corporativismo, ya que de lo contrario pueden acontecer situaciones en las que falle la tercera pata de cualquier democracia, que eso es el Poder Judicial, y, en consecuencia, la democracia misma.
La Voz de Medina y Comarca

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