Érase un poste…

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Érase un poste a una pared pegado
Enhiesto, recio y firme siempre estuvo
Era un soporte, un báculo, un tubo
Junto a una papelera recordado.
De civismo era un signo declarado
Sujetó tu basura como pudo
Pero llegó un tonto, un necio forzudo
Y arrancó la cesta, su ser amado.
Te esperaré, musitó a la cautiva
Que entre brazos ajenos se alejaba.
Vuelve a mi vera mientras aquí viva.
Huye de esa gente de mala baba.
Volvamos a nuestra gran vida activa.
Años ha y la espera nunca acaba.

2 COMENTARIOS

  1. Por lo menos en esa zona hay otras papeleras.

    Ahora hay que explicar a algunos vecinos para qué sirven.

    Bonito soneto.

  2. Quizá sea objeto del plan de embellecimiento, o quizá que el poste no es cosa de tan idolatrada alcaldesa.
    Será más bien que el alarde del momento, ciega al redactor en su boteril empresa.

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