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jueves, febrero 2, 2023

Los compromisos navideños pueden aportar un estrés añadido a nuestras obligaciones y rutinas diarias

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Redacción.-

Con la llegada del fin de año, nos exponemos al peso de la tradición navideña y difícilmente podemos abstraernos de tal celebración.

Una vez perdida aquella inocencia infantil que tanta ansiedad y alegría nos hacía sentir ante la llegada de los mágicos personajes navideños que nos traían los regalos, transitamos hacia un pensamiento más maduro y realista. Nuestra percepción de las fiestas cambia y nuestras emociones también. Ahora, los compromisos navideños pueden aportar un estrés añadido a nuestras obligaciones y rutinas diarias.

Con el paso del tiempo, inevitablemente, algunas de los seres queridos con quienes tradicionalmente nos sentábamos a la mesa para celebrar la navidad, puede que ya no estén con nosotros. Y esto deja un vacío y una pena que imprime un halo nostálgico a la celebración. Es lo que se conoce como la silla vacía.

Un balance al terminar el año

Además, al finalizar el año, hacemos un balance de lo bueno y de lo malo que hemos experimentado en el año que se va y tenemos la sensación de que el inicio de un nuevo año nos brinda una oportunidad para “empezar de cero”, para hacer borrón y cuenta nueva y mejorar aquellos aspectos en los que sentimos que no hemos alcanzado el ideal. Son los propósitos de Año Nuevo. Estos propósitos suelen estar relacionados con la mejora de nuestra condición física (ya sea ponernos en forma, bajar de peso, dejar de fumar…) o con nuestra formación o desempeño laboral, o simplemente con el deseo de ser mejores personas y mantener un estilo de vida más saludable.

De manera que los sentimientos de nostalgia y tristeza por la ausencia de los seres queridos, unido a, por un lado, la presión por cumplir con las tareas que imponen las fiestas y, por otro lado, a la presión de reformular nuevos propósitos de cambio para el año que empieza pueden hacer que sintamos frustración, ansiedad, estrés y en general, cierta alteración de nuestro estado anímico.

¿Cómo podemos entonces combatir la presión que imponen estas fechas y minimizar su impacto?

Afrontar adecuadamente el síndrome de la silla vacía implica permitirnos identificar y aceptar nuestros sentimientos de pérdida y duelo y poder expresarlos y compartirlos, con naturalidad y serenidad, con nuestros allegados. En los casos en los que exista un duelo mal cerrado, habría que trabajar en ello buscando el apoyo profesional necesario que nos ayude a superarlo.

En cuanto a las elevadas expectativas que nos planteamos con los propósitos de año nuevo conviene ser lo más realistas posibles. Hasta las más altas escaleras se comienzan a subir peldaño a peldaño por lo que querer estar en la cima cuando aún no hemos comenzado a subir ningún escalón no resulta realista y sienta las bases para el fracaso.

¿Qué sería lo más realista?

Lo realista entonces sería proponernos pequeños retos que estén a nuestro alcance y nos sitúen en el camino adecuado, generando de esa manera sentimientos positivos, que nos aporten percepción de autoeficacia y autoconfianza; y que al mismo tiempo nos ayuden a combatir el estrés y la ansiedad.

Para ayudarnos a definir los objetivos y metas a alcanzar, una buena técnica o herramienta es la que se conoce como S.M.A.R.T.: acrónimo inglés de “Specífic” (específico), Measurable (“medible”), Achievable (“alcanzable”), Relevant (“relevante”) y Timely (“a tiempo”).

Es decir:

  • Específico: ¿qué quiero lograr?;
  • Medible: ¿cómo sabré que lo he conseguido?;
  • Alcanzable: ¿cómo puedo alcanzar mi objetivo y cuán posible es de lograr siendo realistas?
  • Relevante: ¿Es coherente con mis valores y deseos? ¿Por qué es importante para mí?
  • Con límite de tiempo: ¿Cuándo debo haberlo alcanzado?

Al mismo tiempo SMART significa “inteligente”; de modo que plantearnos objetivos smart es la manera más adecuada de alcanzar a cumplir nuestras metas, sin abandonar nuestro empeño y evitando caer en sentimientos de frustración y desesperanza.

 

¿Cómo rebajar la ansiedad y el estrés ante esta presión?

Además de esto, para mantener a raya nuestra ansiedad y estrés y toda la alteración anímica que ello conlleva, conviene también rebajar el listón de nuestras expectativas de cara al fin de año, ya que a fin de cuentas es una época más de nuestra vida, y es más relevante asumir durante todo el año pautas para alcanzar el equilibrio emocional y de nuestra salud en general.

 

Para ello es fundamental adoptar y mantener, durante todo el año, un estilo de vida saludable en el instauremos en nuestro día a día una adecuada gestión del tiempo; el mantenimiento de una actividad física con regularidad;  una adecuada higiene del sueño;  unas pautas de alimentación adecuadas que promuevan el mantenimiento de una dieta en la que predominen el consumo de frutas, legumbres, cereales, verduras y hortalizas, minimizando el consumo de alimentos procesados, renunciando y/o moderando el consumo de tóxicos como el alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas.

 

Por lo tanto, resulta entonces muy provechoso, desarrollar nuestras fortalezas personales, aprendiendo a manejar nuestras emociones, de modo que incrementemos el afecto positivo y minimicemos el negativo, abordando adecuadamente la ansiedad y el estrés del día a día, para promover con ello un aumento de nuestra calidad y esperanza de vida y la mejora de nuestra salud y bienestar emocional.

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