Columna de opinión sobre el Covid-19. «Al Margen»

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Rodrigo V.- La memoria traicionera que te oculta lo que buscas cuando lo necesitas con urgencia, te devuelve, en otros momentos, aquellas cosas que habías visto, leído o aprendido hace mucho tiempo.
Tras un empacho de mensajes bromistas, gamberros, cabreados, informativos y bulos que corren y se diseminan por todas partes, más incluso que el propio virus maldito, aparece en la pantalla del móvil una triste noticia. Otra más. Pero esta vez no es lo mismo.
Con el alma por los suelos, la memoria traicionera aprovecha para recordarte aquella frase: «Primero se llevaron a los negros,
pero a mí no me importó porque yo no lo era…»
Llevamos unos días, ya demasiados, escuchando cómo una simple gripe que afectaba a una concreta zona de la lejana China se nos ha colado por alguna de nuestras amplias ventanas. Esas ventanas que nos convierten en uno de los mayores países receptores de turismo del mundo. Pero en esta ocasión, ese título nos está saliendo caro. Igual que a los italianos.
Se detecta un caso. Vaya por Dios. Que ya son tres. Qué pena… Y de repente te faltan dedos para contar los muertos y te empiezas a asustar. Y tienes familiares y amigos médicos, enfermeros, transportistas… y te asustas más.
Pero hoy ya no te importan las cifras. Hoy el mensaje que te ha llegado llevaba un nombre propio. Una persona que conocías y que vivía a escasos metros de tu casa. Hoy no te hacen gracia los chistes, ni te emocionan los aplausos. Hoy han llamado a la puerta de al lado y la angustia te deja paralizado. Hoy parece que ya es tarde para casi todo.