Pánico y agresividad

La sociedad occidental se va sumiendo poco a poco en un ambiente de pánico que se acrecienta de día en día. Las razones de tales miedos, que ya empiezan a ser psicóticos, tienen su origen en los numerosos atentados que se producen, mayoritariamente a manos de yihadistas en metros, trenes, plazas y allí done haya concentraciones humanas. Pero no son siempre los yihadistas, ya que la sociedad contemporánea vive en unos momentos de stress hasta ahora desconocidos a los que las redes sociales no son ajenas, siendo éstas, en muchos casos, las verdaderas engendradoras de personas descerebradas que buscan sus momentos de gloria cometiendo cualquier tipo de barbaridad, no por la fechoría en sí sino por “colgarla” en las Red. Ejemplo de ello son las palizas a indigentes, la conducción temeraria o las patadas propinadas a cualquier transeúnte desconocido que, finalmente, terminan trascendiendo las propias redes sociales para salir en los informativos de las televisiones.
Todo parece tener su origen en la agresividad compulsiva que ha generado una crisis económica ante la que, de forma especial, los jóvenes se han sentido y se sienten inermes, añadida a una mala educación, sin ningún tipo de valores, en el propio seno familiar. Todo esto induce a reflexionar sobre el comportamiento de los niños actuales cuando ven que sus padres se embarcan en peleas multitudinarias en simples partidos de fútbol infantiles cuando los resultados no son favorables al equipo de sus hijos, echando balones fuera para que las causas del mal resultado futbolístico estén en el equipo contrario o, ni qué decir tiene, en el propio árbitro. Esta cuestión del fútbol llega a sus máximas consecuencias cuando los partidos que se juegan son de gran relieve y acuden a los mismos los ultras.
Hasta ahora y de forma somera se han analizado en este editorial, por separado, dos estados de ánimo: el miedo y la agresividad; pero cuando ambos se unen el resultado puede ser inenarrable. Baste como ejemplo de lo dicho lo acaecido hace unos días en una procesión de Málaga, donde, a consecuencia de una pelea callejera de las muchas que acontecen en todos los sitios de forma cotidiana, próxima a una gran procesión de Semana Santa, ha desencadenado el pánico en los asistentes al desfile, al no saber qué pasaba, y la huída masiva de una muchedumbre que podría haberse convertido en una verdadera tragedia.
Ha llegado por tanto el momento de analizar en qué sociedad vivimos, de estudiar a qué se deben determinados comportamientos y a tomar medidas, ya sean gubernamentales o domésticas, para que estas cosas se erradiquen.
La Voz de Medina y Comarca

Pellets

1 COMENTARIO

  1. Parece que los trolls habitantes de este medio están de vacaciones en estos días. Qué poca actividad de comentarios!

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